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updated 8:49 PM UTC, Jun 1, 2017
Reflexiones:
"Dos cosas que me llaman la atención: la inteligencia de las bestias y la bestialidad de l
"Envenena el río, y el río te envenerará a tí"
"La tierra no es herencia de nuestros padres sino préstamo de nuestros hijos"
"El Hombre puede medir el valor de su propia alma en la mirada agradecida que le dirija un
Desconocer la naturaleza es la causa de la desgracia humana»
«El calentamiento global no es una moda, debe ser nuestra preocupación y ocupación actual»
“No podemos dejar que el consumo ilimitado de los seres humanos decida qué suerte correrá
“N podemos dejar q el consumo ilimitado d los seres humanos decida q suerte correrá la nat
Desperdicia hoy. Vive en un desierto mañana.
Puede haber agua por todas partes y ni una gota para beber

Objetivos del milenio

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San Andrés será el más afectado por el cambio climático

La temperatura en el país ya aumentó 0,8 grados celsius y podría incrementarse otros 2,4 para el final del siglo. Los 20 departamentos con mayor riesgo albergan al 57 % de la población y representan el 69 % del PIB.

En los años setenta Colombia tenía una temperatura promedio de 21,4 grados celsius. Desde entonces hasta hoy, por cuenta del cambio climático, aumentó 0,8 grados. Si se mantiene la tendencia, para el final de siglo podría incrementarse 2,4 grados celsius extra. Así lo estableció la Tercera Comunicación Nacional de Cambio Climático que presentó el Ideam y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUD). Puede ser que la cifra parezca inofensiva a simple vista, pero en algunas zonas del país significaría graves problemas hídricos, pérdidas de suelo por erosión y una larga lista de afectaciones a los ecosistemas.

En medio de este preocupante panorama, el director del PNUD, Pablo Ruiz, destacó una buena noticia: el 98 % de los colombianos reconocen que el cambio climático es un problema real. Un porcentaje que contrasta con las dos terceras partes de la población mundial que están al tanto del desajuste meteorológico que está experimentando el planeta. Sin embargo, aclaró, el 75 % de los colombianos afirman que reciben muy poca información al respecto.

La Comunicación de Cambio Climático constituye el principal mecanismo de información de los países para guiar sus decisiones de adaptación y mitigación frente al cambio climático. La primera comunicación que generó Colombia fue en 2001, y la segunda en 2010. De acuerdo con Ómar Franco, director del Ideam, este tercer informe representa un gran avance, pues por primera vez ofrece información sobre el cambio climático a nivel departamental con proyecciones municipales. “No existe en Latinoamérica un documento con este nivel de profundidad”, puntualizó Franco.

El origen del problema

Colombia lanza a la atmósfera cada año 258 millones de toneladas de C02. Una tonelada de CO2, como lo explicó de forma didáctica el director de Colciencias, César Ocampo, equivale aproximadamente al aire que cabe en una amplia casa de dos pisos. La principal fuente de estos gases de efecto invernadero en el país provienen de cambios en el uso del suelo (agropecuario y forestal), con un 62 %. En segundo y tercer lugar están el transporte y la industria manufacturera, con 11 % cada uno.

De acuerdo con el informe, quienes pagarán la peor parte del cambio climático serán los departamentos de San Andrés, Vaupés y Amazonas. En el caso de San Andrés, su vulnerabilidad radica en las altas temperaturas que podría experimentar la isla, sumadas al estrés hídrico y los problemas que generaría el incremento en el nivel del mar. En cuanto a las capitales departamentales, después de San Andrés figura Bogotá, Quibdó, Barranquilla y Cali.

“El cambio climático debe dejar de ser visto como una preocupación del sector ambiental”, recalcó Franco, y recordó que el país debe usar esta información para planear su desarrollo. Los 20 departamentos con mayor riesgo albergan al 57 % de la población y representan el 69 % del PIB. Por otra parte, el riesgo de perder 23.000 hectáreas de línea de costa en el Caribe y 26.000 en el Pacífico debería llevar al país a debatir si la solución son más espolones o se debe reubicar una parte de la infraestructura.

Colombia se comprometió en la Cumbre de Cambio Climático de París a reducir sus emisiones en 20 % para 2030. La tercera comunicación estableció que los departamentos que más acciones de mitigación han generado son Cundinamarca, Antioquia, Boyacá y Santander. El tema en el que más se está trabajando es el cuidado de microcuencas que abastecen acueductos, seguido de adquisición de predios de reserva hídrica.

El ministro de Ambiente, Luis Gilberto Murillo, aprovechó el evento para invitar a la Corte Constitucional para darle el aval al Acuerdo de París que Colombia firmó en 2015 y, de esa manera, el tratado internacional llegue al Congreso de la República donde deberá ser ratificado.

Tecnologías limpias avanzan a pasos agigantados

La decisión del presidente Donald Trump de retirar a Estados Unidos del Acuerdo climático de París es profundamente lamentable y se basa en un análisis económico errado. Pero no logrará detener la marcha hacia una economía con baja emisión de carbono: se opondrán a ello un progreso tecnológico imparable y la acción decidida de otros países, empresas de todo el mundo y numerosas ciudades y estados estadounidenses.

Trump aseguró que el Acuerdo de París le costaría a Estados Unidos 3 billones de dólares de su PIB de aquí al 2040. Pero el estudio que citó parte de un supuesto absurdo: que la reducción de las emisiones estadounidenses no iría acompañada de acciones similares de otros países. Y, además, comete el error crucial de ignorar que hay una revolución tecnológica que está transformando la economía de la generación eléctrica.
Desenmascarando a quienes niegan el cambio climático
El 46 % de los ecosistemas de Colombia están en amenaza
Aumenta probabilidad de riesgo de escasez por el cambio climático

En solo siete años, el costo de la energía eólica se redujo más del 65 por ciento y el de la solar, casi un 90 por ciento. En lugares favorables, empresas de energía solar y eólica terrestre están ganando licitaciones con precios tan bajos como 0,03 dólares por kilovatio hora (kWh), que les permiten competir fácilmente con la producción mediante quema de combustibles fósiles.

Los defensores del carbón preguntan qué sucede cuando no hay viento o sol. De hecho, el secretario de Energía de Estados Unidos, Rick Perry, encargó un estudio sobre la necesidad de “generación de carga base”, esperando que diga que el uso de carbón sigue siendo esencial.

Pero un análisis de la Energy Transitions Commission (ETC) muestra que el veloz abaratamiento de las baterías (cuyo precio ya bajó cerca del 70 por ciento en cinco años) volverá innecesaria la generación de carga base con quema de combustibles.

Dentro de quince años podremos construir sistemas de energía en los cuales el 90 por ciento de la electricidad se genere en plantas eólicas o solares, con un costo total (incluidas las necesidades de almacenamiento y sistemas de respaldo) de apenas 0,07 dólares por kWh: algo totalmente competitivo con el costo actual de la energía basada en combustibles fósiles.

Esta revolución tecnológica abre nuevas posibilidades de crecimiento con baja emisión de carbono. Hasta hace poco se suponía que países como la India (que probablemente necesitará triplicar el suministro de electricidad en los próximos veinte años por el aumento de los niveles de vida) no podrían evitar un aumento masivo del uso de carbón.

Pero un estudio del Instituto de Energía y Recursos de la India muestra que en cuanto las fuentes renovables alcancen un costo total de 0,07 dólares por kWh, bastarán para sostener las crecientes necesidades de energía de ese país.

En China, el consumo de carbón lleva tres años en caída. El de Gran Bretaña se redujo 50 por ciento en el 2016.

Cálculos de la ETC muestran que la descarbonización de la producción de energía bastaría para generar la mitad de la reducción de emisiones que se necesita para cumplir el objetivo del Acuerdo de París de limitar el aumento global de temperatura a mucho menos de 2 °C respecto de la era preindustrial (y sin las pérdidas económicas erróneamente denunciadas por Trump).

Estos avances podrían llevar a pensar que la tecnología puede resolver sola el problema y que el Acuerdo de París y otras medidas ya no son necesarios. Pero eso es un error por tres razones.

En primer lugar, los costos actuales de la energía eólica y solar nunca hubieran sido posibles sin grandes subsidios (de hasta 0,40 euros por kWh en Alemania) a las fuentes renovables. Estos subsidios impulsaron desarrollos técnicos y su despliegue a gran escala, lo cual, a su vez, produjo tal reducción de costos que los subsidios dejaron de ser necesarios.

En segundo lugar, hay que aceptar que, incluso llevando la electricidad limpia a tantas actividades como fuera posible (autos, utilitarios livianos y buena parte de la calefacción residencial y comercial), quedarán actividades económicas vitales como la aviación, el transporte terrestre de carga a larga distancia y la producción de acero y cemento, en las cuales la electrificación limpia difícilmente es una solución completa o rentable, al menos por varias décadas más.

Existen opciones tecnológicas para ‘desfosilizar’ estos sectores (entre ellas la bioenergía, el hidrógeno y procesos de captura, almacenamiento y uso del CO2 generado por la industria).

Pero el costo de estas tecnologías no se redujo tan rápido como el de las fuentes renovables, y los niveles de inversión actuales son insuficientes para llegar a un punto en el cual la reducción de costos se retroalimente. Se necesitan una política de apoyo oficial y la cooperación entre industrias de muchos países, y en forma simultánea, para lograrlo.

Por último, aunque el costo de las fuentes renovables seguirá reduciéndose, es probable que los precios de los combustibles fósiles, también. En algunos lugares, el costo de extracción de gas y petróleo se redujo un 60 por ciento mediante la aplicación de varias técnicas que mejoran las tasas de éxito y reducen los costos de perforación. Y ese abaratamiento puede generar un efecto ‘rebote’ en la demanda de este tipo de fuentes energéticas.

Para contrarrestar este peligro necesitamos introducir en muchos países, y al mismo tiempo, alguna forma de impuesto al carbono. Esto demandará el mismo tipo de cooperación internacional que, con todas sus imperfecciones, promueve el Acuerdo de París.

Así que, aunque existan avances tecnológicos asombrosos, siempre necesitaremos a París. La buena nueva es que la reacción global a la decisión de Trump nos da la seguridad de saber que siempre tendremos a París (u otras formas de cooperación internacional).

Las demás potencias han prometido que no abandonarán sus compromisos. Lo mismo han hecho numerosas grandes empresas, en Estados Unidos y el mundo. Y también, grandes ciudades estadounidenses y estados de peso como California, que apoyan la campaña ‘We are still in’ (‘Seguimos ahí’).

Todos ellos se dieron cuenta de que el avance tecnológico, con el debido apoyo oficial, puede crear al mismo tiempo economías de baja emisión de carbono y prosperidad creciente.

El cambio climático arriesga el ciclo de reproducción de la tortuga marina

El cambio climático ha alterado el ciclo de desove y nacimiento de la tortuga marina, en especial de la especie golfina que llega hasta las costas de los estados mexicanos de Jalisco y Nayarit, han alertado expertos.

Entre junio y noviembre las hembras de tortuga llegan a las playas del occidente de México para dejar sus huevos en la arena cálida y asegurar su reproducción.


Unos 45 días después, cientos de crías salen de su nido para volver al mar, un ciclo que los especialistas consideran “normal” en la temporada de desove.


Sin embargo, este ciclo está modificándose cada vez más, dice a Efe Vicente Peña, encargado operativo de la Red Tortuguera, una organización civil que reúne a una docena de campamentos dedicados a la protección de ese animal a lo largo de la ribera de Jalisco y Nayarit.

 

La temperatura del mar

Los biólogos y voluntarios de los campamentos han tenido que extender las actividades de la temporada de desove uno o dos meses más de lo usual, pues las tortugas llegan a las playas de manera tardía, guiadas por una inusual calidez del agua de mar incluso en invierno.


“Tanto el agua de mar como la arena están teniendo una temperatura más alta que le permite a este reptil, la tortuga marina, eclosionar durante el invierno, cosa que antes no se daba“, explica Peña durante una jornada nocturna de recolección de huevos en Puerto Vallarta (Jalisco).


Para los expertos, “no hay duda” de que el cambio climático incide en el ciclo de desove. “Tan solo en 20 años, de cerrar campamentos en una fecha fatal que era el 1 de diciembre, ahora estamos trabajando hasta el último día de enero y teniendo crías en marzo, entonces es algo que no necesitamos poner a discusión, es un hecho”, recalca Peña.

 

El calor del nido


El nido de arena que la hembra forma para depositar entre 100 y 150 huevos requiere de una temperatura promedio de 29,9 grados Celsius para que las crías puedan formarse y sobrevivir, detalla Carlos Flores, uno de los biólogos que colabora en dos de los campamentos de la red.


El calor alrededor del nido también incide en el sexo. Si es mayor al promedio nacerá una mayor proporción de hembras, si es menor habrá más crías machos.


Afirma que en los últimos años las playas de esta región han registrado temperaturas de entre 36 y 38 grados, e incluso hasta 40. Esto significa que en pocos años la especie tendrá dificultad para reproducirse, si no hay suficiente protección.


Flores es tajante acerca de lo que le espera a la tortuga marina: “Si sigue incrementándose (la temperatura) ni siquiera tendremos hembras ni machos, porque (…) si supera los 36 grados centígrados, el nido (…) se cocina“.


El aumento del calor genera un sesgo en la especie, pues “las tortugas que usualmente anidan en el verano van a desaparecer y van a sobrevivir las que aniden en el otoño y en el invierno” cuando el termómetro no sube de manera tan drástica, agrega Peña.


Los especialistas han adoptado técnicas de sombreado natural con palmeras o malla sombra para evitar que el intenso calor de la arena dañe los nidos que rescatan.


Cada noche, durante la temporada de desove los biólogos y voluntarios de los 12 campamentos de la región llevan a cabo rondas para “acompañar” a las tortugas que llegan a la playa a dejar sus huevos.Por medio de su instinto, las hembras eligen el lugar más seguro e idóneo. Con sus aletas crean un nido donde depositan los huevos. El proceso dura cerca de 30 o 40 minutos hasta que la tortuga cubre el hueco y se asegura que no queda algún rastro que atraiga aves y otros depredadores. Luego vuelven al mar, guiadas por la luz de la luna.

 

Los hoteleros


Los encargados de los campamentos recolectan los huevos y los trasladan a un corral con sombra y las condiciones de espacio ideales para la incubación, explica Elizabeth Coronado, bióloga encargada del vivero en uno de los hoteles del puerto.


El año pasado en este campamento de solo 690 metros rescataron 890 nidos, lo que significa casi 65.000 crías liberadas. En otros como el de Mayto, en el sur de Jalisco, han sido protegidos hasta 2.000 nidos.


Esta labor ha ayudado a la protección de especies como la golfina, pero también de la laúd y la carey. Además, permite realizar investigación científica y programas de educación ambiental.


Algunos hoteles ofrecen a sus huéspedes la posibilidad de ayudar en el campamento o la liberación de las crías cuando salen del cascarón. “Ellos se involucran”, de tal forma que la gente se va “con una idea de lo que es la conciencia ambiental”, apunta Coronado.


Para las organizaciones, proteger a las tortugas hembras y sus nidos es “muy importante”, porque estas poseen un instinto que les ayuda a identificar el lugar donde nacieron, al que invariablemente regresarán en su etapa adulta para reproducirse. Efeverde

Esto fue lo que los científicos encontraron en Caño Cristales

El billete de $ 2.000 tiene, por un lado, el rostro de la artista paisa Débora Arango, conocida por ser la primera mujer en pintar desnudos en el país, y por el otro, el famoso río de los siete colores, Caño Cristales, un escenario que durante décadas estuvo controlado por el grupo guerrillero de las Farc y que se ha abierto camino en el ecoturismo.

Su ubicación estratégica entre los ecosistemas de la Orinoquia, los Andes y la Amazonia le brinda unas características únicas en biodiversidad de fauna y flora a Caño Cristales. El ecosistema forma parte del escudo guayanés, conocido como la región geológica más primitiva del planeta, donde se encuentran las plantas y animales más antiguos del mundo.

Sin embargo, pese a que el año pasado este rincón natural recibió cerca de 16.000 turistas, ni los visitantes ni las autoridades ambientales locales y regionales contaban con la información suficiente para saber cómo conservar el ecosistema. Ni siquiera sabían, con exactitud, qué especies habitaban el lugar y cómo se comportaban.

Así que, teniendo en cuenta las amenazas que lo aquejan –que van desde la deforestación acelerada, la ganadería extensiva hasta la incertidumbre de 150 pozos petroleros en la sierra de La Macarena–, investigadores del Instituto Alexander von Humboldt hicieron una alianza con Cormacarena –la autoridad ambiental de la zona– para investigar, por primera vez, la fauna y flora acuática que allí habitan.

Entre el 22 de octubre y el 3 de noviembre del 2016, 21 científicos se embarcaron en una pequeña expedición para muestrear Caño Cristales, los afluentes del río Guayabero, el caño Barro y la laguna El Silencio. También se incluyeron las zonas adyacentes para las especies terrestres, incluyendo bosques de galería, morichales, arbustales, sabanas y ambientes naturales transformados en potreros, a las cuales se les puso cámaras trampa.

El trabajo se enfocó en la caracterización de los grupos macroinvertebrados acuáticos, peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos. En total se identificaron 74 taxones de invertebrados acuáticos, incluyendo dos especies de esponjas no identificadas y 330 especies de vertebrados, entre los que figuran 80 especies de peces, 24 anfibios, 27 reptiles, 145 aves y 54 mamíferos.

Lo que más llamó la atención de los investigadores fue un pez, que forma parte del grupo de mojarras, y una esponja, que tiene un tipo de asociación biológica con las algas que le dan el color verdoso. Ambas son nuevas especies para la ciencia.

Se registraron también diez especies amenazadas: 2 tortugas (teracay y morrocoy) y 8 mamíferos (danta, ocarro, oso palmero, tigre, nutria, perro de agua, marimba y choyo).

El encargado de dirigir la expedición es el biólogo Carlos A. Lasso, un español y venezolano de 53 años que llegó a Colombia hace 8 años, luego de haber trabajado en la Orinoquia venezolana por más de 20 años y en el Parque Nacional de Monte Alén, ubicado en la región continental de Guinea Ecuatorial, estudiando el sistema forestal africano.

“Cuando hacemos expediciones a lugares recónditos como éste, siempre hay un porcentaje de probabilidad muy elevado de encontrar especies nuevas para la ciencia (que nunca antes se han visto o descrito) o especies con un nuevo ampliaciones en sus áreas de distribución (que por primera vez se ven en esa zona)”, le cuenta a EL TIEMPO, Lasso.

Para él, como para muchos otros investigadores que han recorrido este país de punta a punta, el reto que viene ahora, irónicamente, es el posconflicto, pues la guerra cobijó durante cuatro décadas varios de los ecosistemas estratégicos del país.

Lo que viene ahora es un trabajo conjunto, de la mano de las universidades (La Guajira, Nacional, Tadeo y del Tolima), Fundación Omacha, Instituto Sinchi y Cormacarena, para seguir investigando la fauna silvestre que allí vive y contribuir así al conocimiento de la biodiversidad. Durante los próximos dos años se hará un estudio más exhaustivo sobre toda la biología y ecología de algunas de las especies más emblemáticas de Caño Cristales, como la planta Macarenia clavijera, quien en época de lluvias crea un tapete colorido a lo largo del cauce.

“La importancia de esta expedición es clara: no se puede preservar algo que no se sabe que existe. No hay manera de conservar algo que nunca se ha estudiado. Con este estudio sabremos lo que realmente tenemos”, asegura el fotógrafo Iván Mikolji.

Fuente: http://www.eltiempo.com/vida/medio-ambiente/dos-nuevas-especies-halladas-en-cano-cristales-118526

El 46 % de los ecosistemas de Colombia están en amenaza

De los 81 ecosistemas de Colombia, 38 (46%) se encuentran categorizados como en peligro crítico (CR) y en peligro (EN).

Este fue el resultado que arrojó una investigación en la que participaron científicos de la Universidad Javeriana, Conservación Internacional y el Instituto von Humboldt, quienes desde hace cuatro años vienen monitoreando el estado de salud de los distintos ambientes del país.

Los ecosistemas que se encuentran en peligro crítico (CR) son los que pertenecen al bioma de Bosque Seco Tropical y Desierto Tropical; así como las áreas de Bosque Húmedo Tropical del Piedemonte Llanero.

“El Caribe y las zonas intra-zonales de los Andes tienen las mayores áreas de ecosistemas amenazados por los procesos de transformación y serían aquellas con necesidades de restauración urgente”, advierte el informe.

Según el documento, los ecosistemas más amenazados están mal representados en el Sistema Nacional de Áreas Protegidas. Concretamente, 22 ecosistemas no cuentan con ningún tipo de representación y 17 con menos de un 5 %. Lo que significa que el 48 por ciento no está cobijado bajo esa categoría de protección.

“Es urgente revisar la forma como se están manejando los ecosistemas del país, pues podría verse afectado el suministro de servicios ecosistémicos fundamentales para el bienestar de la población”, advierte Ángela Andrade, coautora del informe.

“Es un llamado de atención y una alerta de primera mano para tener mejores criterios a la hora de definir áreas de conservación, áreas de restauración y para promover usos alternativos que reviertan la cobertura vegetal actual y permitan incrementar la biodiversidad”, remata Andrade.

Este monitoreo, que se hace bajo los criterios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), tiene como objetivo suministrar guías para el manejo de ecosistemas naturales y transformados, para promover la conservación y el desarrollo sostenible, así como generar alertas tempranas, analizar con argumentos la toma de decisiones por parte de funcionarios del gobierno y ayudar a construir resiliencia frente a las consecuencias del cambio climático.

“Ante la necesidad de diseñar escenarios de desarrollo que permitan suplir las necesidades y aspiraciones de una población creciente, que cumpla con los objetivos de sostenibilidad, el país requiere de información para orientar la toma de decisiones”.

Fuente: http://www.eltiempo.com/vida/medio-ambiente/el-46-de-los-ecosistemas-de-colombia-estan-en-amenaza-120484

 

España se convertirá en un desierto mucho antes de lo que se pensaba

El Mediterráneo es una de las zonas del planeta más sensibles al cambio climático. Los científicos advierten de las devastadoras consecuencias si no se toman medidas urgentes.

Los efectos del calentamiento global son ya más que evidentes. Desde 1950, la atmósfera y los océanos se han calentado, los volúmenes de nieve y hielo han disminuido, y el nivel del mar se ha elevado. Además, todos estos cambios se han acelerado en los últimos años, los más calurosos desde que se tienen registros.

En cualquier caso, cada país y cada región del mundo está amenazada de manera diferente por el calentamiento global. Sin embargo, en este punto, los científicos coinciden: el Mediterráneo es una de las zonas del planeta más sensibles a los cambios en el sistema climático.


La cuenta del Mediterráneo: muy sensible a los cambios climáticos

"El Mediterráneo es una de las zonas donde están previstos cambios de temperatura más drásticos, junto a otras zonas como, por ejemplo, el Ártico", explicó a RT Iris Hendriks, investigadora que trabaja en el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA), un centro mixto entre la Universidad de las Islas Baleares (UIB) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). El problema, según la científica, es que el Mediterráneo "es un mar cerrado", lo que conlleva, entre otros, "que los organismos que viven" en él "no puedan migrar más al norte".

Solo durante los últimos 20 años, el nivel de agua del mar Meditarráneo ha ascendido unos tres centímetros por década. Asimismo, la temperatura atmosférica es hoy, de media, 1,5ºC superior a la registrada a principios del siglo XX, aunque en algunas áreas este incremento se ha producido en solo 50 años. Y la tendencia es que estos cambios en el sistema climático se vayan acelerando: a finales de este siglo, el nivel del mar habrá aumento entre medio metro y un metro y la temperatura atmosférica sufrirá un incremento de entre 3ºC y 5ºC.

Sin embargo, el Acuerdo de París se marcó como límite ideal no sobrepasar los 1,5ºC de la temperatura respecto a los niveles preindustriales y, en ningún caso, superar los 2ºC. Por encima de esta última cifra, los veranos serán mucho más largos y las olas de calor serán más frecuentes. El mar anegará playas, paseos marítimos y algunas zonas residenciales. Las consecuencia serían dramáticas para los ecosistemas mediterráneos, "en una forma que no ha tenido precedentes en los últimos 10.000 años".


España se convertirá en un desierto a finales de siglo

Así lo afirman los expertos en clima Joel Guiot y Wolfgang Cramen, del Centro Europeo de Geociencias Ambientales, en un reciente estudio publicado en la revista 'Science'. Los investigadores, además, aseguran que si no se hace nada para limitar el calentamiento global, todo el sur de España se convertirá en un desierto. Otras zonas de la cuenta Mediterránea, como el sur de Italia y Grecia, tendrían un futuro similar.

Aunque las sequías son naturales en el clima Mediterráneo, el problema es que el cambio climático está intensificando su recurrencia e intensidad. Según Greenpeace, un tercio de España ya sufre una tasa de desertificación muy alta y, si no se toman medidas urgentemente, esa superficie árida seguirá creciendo. "La sobreexplotación de los recursos hídricos, las malas prácticas agrarias en zonas de pendiente, el sobrepastoreo, la agricultura intensiva y la urbanización irracional resultan también responsables de esta situación", asegura la ONG en un comunicado.

Por su parte, el Ministerio de Medio Ambiente también ha advertido sobre los riesgos del calentamiento global para España en un informe publicado el pasado mes de marzo. Según el Gobierno español, "la desertificación es ya un problema real" en más de dos tercios del territorio, agravado por la falta de lluvias y las temperaturas más altas. Además, el 80% del territorio total de España está en riesgo de transformarse en un desierto en lo que queda del presente siglo. Las zonas que más peligro corren son el norte de Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha, el Valle del Ebro, así como el sur de Cataluña y la submeseta norte.


Un presupuesto de carbono total para el planeta

Los expertos en la materia no han cesado de publicar estudios en los últimos años advirtiendo a gobiernos, empresas y ciudadanos: para contener el cambio climático es necesario reducir de forma sustancial y sostenida las emisiones de gases de efecto invernadero. "Es la hora de tomar responsabilidad, no podemos seguir destruyendo el planeta", apunta la investigadora del IMEDEA, que explica la necesidad de fomentar las energías sostenibles, como la solar, comprar coches que sean más limpios para el medioambiente o reducir la cantidad de plástico que consumimos.

Los científicos han calculado que existe un "presupuesto total de carbono", fijado entre las 150 y las 1.050 gigatoneladas, para no superar el límite ideal de 1,5ºC establecido en el Acuerdo de París. Aunque las emisiones de carbono se han estabilizado en los dos últimos años en cerca de 41 gigatoneladas al año, esto significa que en solo cuatro años se alcanzaría el rango más bajo de este presupuesto y en 15 años habríamos gastado la mitad.

Por ello, seis destacados científicos y diplomáticos, incluyendo la investigadora y ex responsable de medioambiente de la ONU Christiana Figueres y el físico Stefan Rahmstorf, publicaron una carta en la revista científica 'Nature', el pasado mes de junio, en la que advierten: el mundo tiene tres años para reducir significativamente las emisiones de gases de efecto invernadero o el cambio climático afectará peligrosamente a la humanidad.

La Antártida se vuelve verde

Según un reciente estudio, el cambio climático ha influido drásticamente en la vida vegetal del polo sur durante los últimos 50 años.

La Antártida se vuelve cada vez más verde y la vegetación crece allí rápidamente debido al cambio climático, según se desprende de un reciente estudio de un grupo de científicos encabezado por la Universidad de Exeter (Reino Unido).

Tras recopilar datos de los últimos 150 años y analizar cinco bancos de musgo en tres lugares diferentes del continente, los investigadores detectaron un aumento considerable de la actividad biológica en el polo sur durante los últimos 50 años.

Matt Amesbury, uno de los autores del estudio, aseguró que los aumentos de temperaturas durante el último medio siglo "han tenido un efecto dramático en los bancos de musgo que crecen en la región". El científico añadió que si la tendencia continúa, debido al aumento de las "cantidades de tierra libre de hielo por el repliegue continuo de los glaciares", la Antártida "será un lugar mucho más verde en el futuro", cita sus palabras el portal Phys.org.

"La sensibilidad del crecimiento del musgo a los aumentos de la temperatura en el pasado sugiere que los ecosistemas se alterarán rápidamente bajo calentamiento en el futuro, propiciando cambios importantes en la biología y en el paisaje de esta región icónica", subraya el profesor y el investigador principal del estudio, Dan Charman.

Ahora los investigadores tienen previsto examinar los datos de hace miles de años para averiguar en qué medida el cambio climático afectaba los ecosistemas antes de que las actividades de la humanidad empezaran a causar el calentamiento global.

 

Fuente: https://actualidad.rt.com/actualidad/238934-antartida-volverse-verde-calentamiento-global

  • Published in Fauna

El cambio climático ha alterado la crecida de los ríos.

La crecida anual de los ríos, a veces catastrófica, se está viendo ya afectada por el cambio climático. Un estudio con cientos de miles de registros muestra que en el nordeste de Europa y la vertiente atlántica, las crecidas se producen ahora hasta 65 días antes que hace medio siglo. Mientras, en las costas bañadas por el mar del Norte y en amplias zonas del Mediterráneo, las inundaciones se han retrasado hasta en 45 días. Aunque las causas inmediatas en cada región son diferentes, la razón última de tanto desbarajuste en toda Europa es la misma: los cambios en el clima.


Una red de casi 50 científicos ha podido revisar los registros de 4.262 estaciones hidrométricas colocadas en ríos de 38 países europeos. El dato fundamental que registran es el caudal de agua que baja por ese punto y cuándo logra su máximo. Los investigadores se quedaron con la fecha del punto más alto alcanzado cada año, que se corresponde con la crecida anual de los ríos, desde 1960. En total, más de 200.000 registros que, al volcarlos sobre el mapa, desvelaron los grandes cambios que se han producido en las cuencas europeas en los últimos 50 años.

"El resultado global es que, en efecto, el cambio climático ha afectado al momento de las crecidas, pero lo ha hecho de diferente forma en las diferentes regiones de Europa", dice el profesor del Instituto de Ingeniería Hidráulica y Gestión de Recursos Acuáticos de la Universidad Tecnológica de Viena (Austria) y principal autor del estudio, Günter Blöschl.

El estudio, publicado en la revista Science, muestra una llamativa conexión entre grandes regiones climáticas y el momento en que se producen las crecidas. Por ejemplo, tradicionalmente, en las zonas más frías del continente, como el norte y el este europeos, la crecida de los ríos se producía a finales de la primavera y principios del verano, con el deshielo de la nieve. Mientras, en el sur tendían a producirse en los meses del invierno, cuando más llueve. El cambio climático lo ha trastocado todo. Pero, al afectar de forma diferente de los distintos factores que están detrás de las crecidas, su impacto sobre el timing en cada zona es diferente.

"Durante el período de 50 años que hemos estudiado, más del 80% de las estaciones de medición en toda esta región [nordeste europeo] mostraron un cambio hacia crecidas más tempranas. Y se trata de un patrón que se repite a lo largo de una región tan grande", explica la investigadora del Instituto Hidrológico y Meteorológico Sueco y coautora del estudio, Berit Arheimer. "También vemos un aumento muy marcado de la temperatura en esta región. Así que la temporada de nieve se está acortando y comienza a derretirse antes", añade.

En la vertiente Atlántica, desde Portugal hasta el norte de Francia y el sur del Reino Unido, las crecidas también se han adelantado, a veces provocando grandes inundaciones como las que hubo en el suroeste de Inglaterra en el invierno de 2014. Antaño, en estas regiones húmedas las aguas bajaban con fuerza a finales del invierno, cuando la tierra no podía con todo el agua que había caído desde el otoño. Ahora, la mitad de las estaciones hidrométricas han registrado adelantos de más de 15 días y un cuarto de ellas de más de un mes.

"Hemos comprobado un adelanto en la acumulación máxima de humedad en el suelo", comenta en una teleconferencia el científico del Centro para la Ecología y la Hidrología (Reino Unido), Jamie Hannaford. Y explica cómo afecta esto a las crecidas: "Inferimos que esta saturación temprana de los suelos y las reservas de agua subterránea asociados a otoños más húmedos en la zona están provocando crecidas más tempranas en el invierno", añade.

Sin embargo, los ríos del resto de la Europa húmeda, Países Bajos, el norte de Alemania, Dinamarca, Escocia o el sur de Noruega, es decir, las zonas bañadas por el mar del Norte, han retrasado sus crecidas hasta en 45 días, aunque la mayoría de las estaciones registran retrasos más pequeños, en torno a los 10 días. Detrás de esta diferencia con el resto de la vertiente atlántica vuelve a estar el cambio climático. En este caso, los datos sugieren que el calentamiento del Ártico (el doble que la media planetaria) estaría alterando la Oscilación del Atlántico Norte, el patrón de vientos que gobierna el clima en esta región del globo. Lo que han comprobado los científicos es que estos cambios han retrasado el máximo de las lluvias de octubre a diciembre, retrasando en casi la misma medida la crecida de los ríos.

Por último, el estudio también muestra un retraso, aunque menor, de las avenidas fluviales en la región mediterránea. En particular, las zonas donde más se han retrasado (unos cinco días de media) son el nordeste de España y la costa norte del Adriático. En ambos casos, según explicó Blöschl, a la mayor entrada de aire húmedo del Atlántico durante el invierno se habría unido un aumento de la temperatura de las aguas del Mediterráneo, retrasando el grueso de las lluvias: "la lógica es que un clima más cálido ha calentado el Mediterráneo y esto, a su vez, ha afectado a la circulación local, cambiando el régimen de lluvias en zonas costeras de Croacia o el sur de Francia y el este de España".

Al producirse el mismo fenómeno (adelanto o atraso) en regiones tan grandes, los autores del estudio descartan que se deba a otros posibles factores de impacto local, como el cambio en el uso de la tierra o intervenciones en el curso de los ríos (presas, centrales hidroeléctricas...). Solo un fenómeno global como el cambio climático, que está alterando los procesos que influyen en el momento de las crecidas podría explicar tanta alteración.

FUENTE:  https://elpais.com/elpais/2017/08/10/ciencia/1502348106_018863.html 

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