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Ricardo Lozano dijo que al país le llegó la hora de adaptarse a los efectos del cambio climático.
Tal vez, como en ningún momento de la historia, la lluvia o el sol han comenzado a ser protagonistas. Ha quedado demostrado que una temporada de aguaceros puede detener al país, afectar su ritmo y detener su empuje. O meses de exceso de calor, hundir en la más fuerte sed a decenas de regiones.Así lo explica Ricardo Lozano, director del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), para quien las lluvias de los últimos meses afectaron tanto a Colombia como si un huracán se hubiera metido en el territorio durante más de un año. El saldo: más de 3 millones de damnificados y 30 departamentos afectados.Por eso, Lozano se dio a la tarea de organizar, ahora con más justificación que nunca, el II Congreso Nacional del Clima, que reunirá hasta el próximo viernes en Bogotá a expertos de todo el mundo.El tema: la adaptación a los nuevos fenómenos climáticos que llegan con el calentamiento global y los restos que tenemos por delante para aplicarlos y lograr lo que hasta hace unos años parecía simple: sobrevivir.¿Colombia debe cambiar su estrategia para enfrentar el cambio climático?Sí, dejó de ser un tema de escenarios futuros, para ser un tema que se debe manejar en ‘presente’. Esto implica un cambio de enfoque. Ya no se debe pensar en lo que nos va a pasar en 20 o 30 años. Se acabaron los diagnósticos; ahora debemos trabajar en adaptarnos a sus consecuencias. Ya no es un asunto de futuro: ya está aquí.¿Quién debe liderar la estrategia para ganar esa batalla?El cambio climático dejó de ser un tema ambiental para ser un tema de todos, de todos los sectores: del agropecuario, del industrial, del comercial, del sector del transporte. Todos deben trabajar en equipo para buscar una estrategia de adaptación.¿Ya hay algunos pasos concretos recientes?Ya hay un Conpes (haga clic aquí para saber qué es el Conpes), que delineó la estrategia institucional. Y con la creación del Fondo Nacional de Adaptación se obtiene una especie de gerencia para engranar los esfuerzos de los ministerios y entidades.¿Cuál es el escenario más duro al que nos enfrentamos?Vamos a tener eventos climáticos extremos con más frecuencia. Pasamos de ser un país con estaciones tropicales regulares y ordenadas a uno que pasa de periodos secos a húmedos muy fácilmente. Todavía hay discusiones científicas en las que se plantea que las lluvias que nos inundaron no tienen que ver con cambio climático, pero no podemos esperar a que esos dilemas se resuelvan, debemos actuar ya y rápido.¿Qué tan adelantado está el país?Vamos bien en cuanto a la sensibilidad de la comunidad. Veo que la gente está teniendo una mayor confianza en la ciencia y hay que aprovechar ese escenario. Pero no basta con tener actitud. Tenemos que ser fuertes en la aplicación de nuevas tecnologías.En eso estamos. Por ejemplo: cuando hablemos de clima ya no debemos hablar sólo de que lloverá aquí o allá. Estamos fortaleciendo el pronóstico hidrológico, con la ayuda de Japón, Holanda y Suiza, para adelantarnos al comportamiento de los ríos.Después de la tempestad, ¿cuál cree que es la mayor enseñanza que nos ha dejado la última tragedia invernal?Nos mostró nuevos escenarios de riesgo, que antes estaban ocultos. En los que se vivía en tranquilidad, a pesar de que eran una bomba de tiempo. Ahora debemos ver ese mapa, esa nueva Colombia y planear nuevas decisiones. Ya lo estamos haciendo en las cuencas de los ríos Atrato, Magdalena y Cauca.¿Colombia despertó definitivamente después de los 3 millones y medio de damnificados que nos dejaron las lluvias?No lo suficiente, todavía hay poblaciones en mucho riesgo que se deben mover y repensar. Otra cosa: el tema preventivo todavía no está en la agenda de todo gobernador, alcalde y director de CAR, eso debe ser obligatorio.¿Qué es lo más urgente hoy?Me preocupa mucho el invierno que llegará en un par de meses. Agosto no será suficiente para recuperar el territorio y tenerlo listo para lo que se nos viene desde septiembre. El país sigue altamente sensible y nos pueden pasar cosas graves otra vez. Para serle franco, a veces quisiéramos que llegara una larga temporada seca, como un Niño, para consolidar esa recuperación con obras clave.¿Cuáles son las regiones más vulnerables?Las regiones Caribe y Andina, porque en ellas vive la mayor cantidad de colombianos. Y frente a una sequía, La Guajira, Cesar, algunas zonas de Boyacá, de Cundinamarca y Santander. Por departamentos, pienso que Antioquia es el más frágil.¿Cree que se le debe dar importancia a la creación de nuevas zonas de reserva o a la reforestación?Ambas son importantes. Nada se saca con sembrar un árbol que quede a merced del ganado o de la tala ilegal. Está comprobado que los ecosistemas mejor conservados o protegidos son los que resisten más los cambios en el clima. Además, hay que hacerles una evaluación a nuestros recursos de fauna y flora; entre otras cosas, no sabemos los efectos que la Niña tuvo sobre ellos.Hay un riesgo del que poco se habla: los huracanes. Difícilmente San Andrés podría resistir uno de intensidad fuerte. San Andrés está en riesgo, pero hemos hecho trabajos de prevención, como simulacros. La gente ya está aprendiendo a ubicar albergues y a actuar con responsabilidad.¿Cuál es la realidad del país frente al aumento del nivel del mar?El mar sube tres milímetros al año en promedio. Hay riesgos de inundaciones y de pérdida de territorios para San Andrés, Barranquilla, Cartagena y Tumaco. La ciudadanía debe exigirles a sus alcaldes y gobernadores planes concretos para enfrentar ese riesgo, tema que poco se ve en los planes de gobierno de los candidatos a cargos públicos.¿Qué implicaciones tiene el deshielo de los nevados?En el 2045 no habrá nevados, que hoy pierden el 3 por ciento de su nieve al año. Un trabajo que nos falta hacer es medir lo que implicará ese derretimiento para el abastecimiento de agua de poblaciones. El Cocuy y Santa Isabel son los nevados más afectados y hay gente en riesgo por eso.¿Alguna sugerencia inmediata para los alcaldes?Que reestructuren sus planes de ordenamiento territorial, para incluir en ellos las zonas en alto riesgo. Eso es prioritario en todo el país.El mundo se está demorando mucho en alcanzar un acuerdo climático global que obligue a los países industrializados a bajar sus emisiones. ¿Este es otro obstáculo?Sí, pero no nos podemos quedar quietos hasta que exista un acuerdo mundial. Debemos comenzar a reducir la vulnerabilidad de inmediato. Y vuelvo a ser franco: nos vamos a equivocar mucho y tendremos que aprender haciendo.¿Aún confía en que los países desarrollados nos ayuden financieramente con la adaptación?Hay dos fondos funcionando en ese sentido. El Fondo Mundial de Adaptación, que se nutre de porcentajes de las negociaciones de carbono y que tiene 200 millones de dólares para entregar a los países en desarrollo. Y está el Fondo Verde, que se nutrirá del dinero de las potencias y que salió de la cumbre de Cancún. Tendremos que mirar cómo integrarlos. Pero estas son herramientas a las que les hace falta mucho desarrollo, para definir en dónde invertir y cómo hacerlo.