El complejo de 30 lagos y humedales acaba de ser declarado como sitio Ramsar. Una figura que garantiza su protección y aprovechamiento sostenible.
Gracias al trabajo conjunto del Ministerio de Ambiente, la Fundación Omacha, el Fondo para la Conservación de la Naturaleza (WWF por sus siglas en inglés) y las comunidades indígenas Ticuna, Yagua, y Cocama, la Amazonia de Colombia tiene su primer humedal reconocido internacionalmente.
Se trata del complejo de lagos Tarapoto, un impresionante refugio natural en donde abundan los delfines de río, el caimán negro y el jaguar. El complejo, ubicado en una de las puntas más al sur del país, a solo 20 minutos del municipio de Puerto Nariño, se ha convertido en un polo de atracción turística debido a su belleza natural.
Es por esto que hace ocho años, WWF, el Instituto Sinchi, el Ministerio de Ambiente y la Fundación Omacha empezaron a trabajar con las comunidades locales, en cabeza del resguardo Aticoya, para declarar el lugar como sitio Ramsar, una categoría internacional para lagos, ríos, acuíferos subterráneos, pantanos y manglares que, debido a su importancia biológica y cultural, necesitan un manejo especial y deben ser conservados.
No hay duda de la importancia biológica de Tarapoto: en un área de más 40 mil hectáreas alberga 883 especies de plantas, 244 de aves, 176 de peces, 30 de reptiles, 201 de mamíferos y 56 de anfibios. Saulo Usma, investigador de WWF, explica que esta diversidad es posible gracias a la diversidad del tipo de aguas que se encuentran y mezclan en este ecosistema.
Buena parte de este sistema de humedales -que según Minambiente son 30, pero según el Humboldt son 45-, “son bosques que se inundan con aguas que tienen muy pocos nutrientes pues su origen no es Andino, como el Magdalena e incluso el mismos Amazonas”. De ahí que buena parte de los lagos de Tarapoto tengan un color similar al de la Coca Cola.
“Estas aguas de pocos nutrientes no permiten el desarrollo de peces muy grandes, pero al tener mayor trasparencia y claridad que esos que parecen café con leche, están llenas de una infinidad de peces pequeños”, explica Usma.
Es por esto que estas aguas claras, con su infinidad de peces pequeños, son el escenario ideal para que los delfines le enseñen a sus crías a pescar. Además, las corrientes lentas que contrastan con la potencia del cauce central de ríos como el Amazonas, permite que el cuidado de las crías sea mucho más fácil. Fernando Trujillo, director de la Fundación Omacha, suele referirse a estos lugares como “la sala cuna” de los delfines de río.