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Mayor producción, poco consumo Los españoles no son grandes consumidores de dichos productos, en general porque desconocen las ventajas de ello y porque no existe mucha información veraz al respecto. Un alemán gasta casi diez veces más que un español en este tipo de alimentos y un suizo más de 20. A nivel nacional se cree que la única ventaja de los alimentos ecológicos es que son más sanos, pero en realidad, hay muchas otras, como por ejemplo que saben mejor, que tienen más nutrientes, que al respetar los ciclos naturales, su impacto ambiental es mucho menor y que no contienen sustancias químicas ni tóxicas.
Sin dudas una de las mayores preocupaciones de los alimentos ecológicos es el precio, pero lo que no se toma en cuenta es que si se aumentara el consumo interno de los mismos, los precios se reducirían de manera sensible. Y si se lograse imponer a nivel local este tipo de producción, se evitarían los costos de transporte, de distribución, el impacto ambiental que estas manipulaciones representan y sin dudas eso significaría un considerable ahorro energético y una ayuda inapreciable para combatir los problemas del cambio climático. El problema de las granjas mixtas Se les llama granjas mixtas a las que si bien tienen cultivos ecológicos en zonas que están estrictamente delimitadas y dedicadas por entero a la producción natural, también tienen otras áreas en las que se cultivan con métodos no ecológicos. La ley que está vigente permite que existan estas granjas (de hecho el 25 % de las de Europa lo son y en España el promedio está entre el 40 y el 50%), pero el borrador que se presentó desde la UE ha despertado severas críticas, ya que los productores piden tiempo para hacer los cambios. La idea de la UE es que los productos salgan de la granja “a la mesa”, eso implica que debe conocerse perfectamente tanto el origen, como los contenidos, el etiquetado y las condiciones exactas de producción (la llamada trazabilidad).
Las granjas mixtas tienen el inconveniente de que las tierras pueden contaminarse, pero según explican sus dueños, para lograr que un terreno se pueda considerar ecológico hace falta al menos dos años y luego otros tantos para conseguir un nivel de rentabilidad adecuado. En realidad el objetivo común es que desaparezcan este tipo de plantaciones, pero todo debe hacerse de forma paulatina, ya que de otra forma sería imposible física y económicamente hablando. Los grupos de consumo Los productores de alimentos ecológicos, si tienen interés en exportar deben tener las certificaciones correspondientes para poder hacerlo, pero existe una minoría que o por principios o porque no les sale económicamente rentable, no tienen sellos de calidad en sus productos, pero aun así siguen trabajando. La base de este tipo de producción es la confianza, ya que a la gente le gusta, ver, tocar y oler lo que están comprando y si lo hacen de manera directa al productor, sienten mayor tranquilidad aún. Este tipo de consumo directo si bien no está reglamentado, existe y prolifera en muchas partes del país. Los clientes saben que no serán engañados y que lo que consumen sale prácticamente de la planta a su plato.
Muchos productores, que han tenido que recurrir en algún momento a fumigar un cultivo determinado, porque si no se corría el riesgo de perder las cosechas, les advierten del hecho, cimentando aun más el vínculo de confianza entre ellos y los consumidores. La trazabilidad Cuando se habla de productos que no están manufacturados, no hay casi ningún problema con la trazabilidad, pero si entramos en el tema de los que llegan a los comercios envasados, el asunto es diferente. Un ejemplo es el de una mermelada de naranjas, que se fabrica con cítricos procedentes de España, azúcar que llega desde Brasil, pero quien la fabrica es una empresa francesa. Aquí la trazabilidad es bastante más complicada de demostrar, pero para ello existen los controles (especialmente los del sector primario) y las certificaciones. Otro de los problemas de esta trazabilidad es que básicamente la existencia de semillas 100% ecológicas aun es muy baja, por lo que se debe recurrir a plantar con simientes convencionales e ir logrando mediante los cuidados y el control necesarios, que cada vez sean más los productos que puedan calificarse como Naturales. Pero este proceso también requiere tiempo y uno de los puntos del borrador es prohibir esta opción con lo que los productores de hortalizas y verduras (los principales cultivos que se plantan en España) se quedarían fuera del mercado.
Una reflexión final En general el borrador apunta a mejorar la producción de los cultivos ecológicos, pero sería ideal que se plantearan dar a los principales actores del tema, o sea a los productores, unos tiempos prudentes para que sea factible y posible la transición y la adaptación a las nuevas normas. Por otra parte es de esperar que el público español se percate de una vez, que consumir productos ecológicos no solo es bueno para su salud, sino que representa un buen medio de apoyar la reversión de los efectos del Cambio climático.
Fuente: http://www.ecoticias.com