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CIUDAD DE MÉXICO, México, mar. 19-20014.- El Día Mundial de Agua tiene su origen en la Cumbre de la Tierra, que se realizó en Brasil en el año de 1992, desde entonces, la Asamblea General de las Naciones Unidas instituyó el 22 de marzo de cada año como “Día mundial del agua”.
La celebración de dicho día tiene como objetivo promover, entre los países miembros de la ONU, actividades orientadas a fomentar la importancia de los recursos hídricos para el desarrollo, el bienestar social y los ecosistemas del planeta.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) declaró que el tema del Día Mundial del Agua que se celebrará el 22 de marzo 2014 será: “Agua y Energía”.
La elección se debió a la fuerte interconexión entre ambas y a su interdependencia, ya que la energía hidroeléctrica, nuclear y la térmica requieren del uso de recursos hídricos.
Según la Agencia Internacional de Energía, un aumento nominal del 5% del transporte por carretera en el mundo para el año 2030 podría aumentar la demanda de agua hasta en un 20% de los recursos utilizados en la agricultura, debido a la utilización de los biocombustibles.
El 8% de la energía generada en el planeta se utiliza para bombear, tratar y transportar el agua para el consumo de las personas; y el agua también se utiliza para la generación de energía geotérmica, que es una alternativa para la energía en los países con escasez de agua
En 2011, la disponibilidad natural media de agua per cápita más baja se registró en la región hidrológica XIII “Aguas del Valle de México” con 158m por habitante, por año.
Para producir un kilo de maíz se requieren 900 litros de agua; para producir un kilo de trigo, 1,350; para producir un litro de leche, 1,000 y para producir un kilo de carne de res se requieren 16,000 litros
En algunas regiones hidrológico-administrativas del país, el agua renovable per cápita alcanzará en el año 2030 niveles cercanos o incluso inferiores a los 1,000 m3 por habitante por año, lo que se califica como una condición de escasez grave.
Las investigaciones científicas prevén que para mediados de este siglo las elevadas temperaturas y la disminución de la humedad del suelo propiciarán que la vegetación semiárida (incluyendo muchas de las gramíneas) se sustituya por vegetación árida, en un franco proceso de desertificación.
También es previsible que se presente una menor producción de alimentos de origen agropecuario por el acortamiento del ciclo agrícola, debido al Cambio Climático.
Varias de estas amenazas están íntimamente relacionadas con la seguridad hídrica, ya que mientras en 1950 la disponibilidad media de agua era de 11,000 metros cúbicos por persona al año, para el 2005 era de 4,573, para el 2010 de 4,090 y se ha calculado que, para el 2025 apenas se dispondrá de 3,828 m3 de agua por persona por año, quedando en la clasificación de disponibilidad baja.
Si bien en el 2005 México utilizaba sólo el 16% del volumen disponible de agua (considerado como un grado de presión moderado), en los estados del norte del país el grado de presión es superior al 40%, clasificándose como de presión fuerte.
Un factor fundamental es que 105 de los 653 acuíferos estén sobreexplotados, por extraerse una mayor cantidad de agua de la que las lluvias logran recargar.
Puesto que casi el 78% del total de agua en México se utiliza en la agricultura y para producir alimentos (de la cual el 53% se desperdicia), es conveniente recordar su huella hídrica: para producir un kilo de maíz se requieren 900 litros de agua; para producir un kilo de trigo se utilizan 1,350 litros de agua; para producir un litro de leche se necesitan 1,000 litros de agua y para producir un kilo de carne de res se requieren 16,000 litros de agua, sólo por dar algunos ejemplos.
En algunas regiones hidrológico-administrativas del país, el agua renovable per cápita alcanzará en 2030 niveles cercanos o incluso inferiores a los 1,000 metros cúbicos por habitante por año, lo que se califica como una condición de escasez grave.
De acuerdo con los pronósticos para 2030, se debe tener especial cuidado con el agua subterránea, ya que su sobreexplotación ocasionará el abatimiento de los niveles freáticos, el hundimiento del terreno, provocará que se tengan que perforar pozos cada vez más profundos, además de las afectaciones a los ecosistemas.
Cabe aclarar que la mayor parte de la población rural depende de manera significativa del agua subterránea, y en algunas zonas áridas la dependencia es total.
FUENTE:http://noticieros.televisa.com