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Cada vez más países se unen a iniciativas de prohibirlo. EE. UU. aprobó ley contra bolsas plásticas.
De las 290 millones de toneladas de plástico que se fabrican en el mundo por año, el 30 por ciento son productos que se usan solo una vez. Y buena parte de esa basura llega a los mares. Botellas y bolsas forman ya islas que flotan en los océanos del mundo, como en los confines del Pacífico; una de estas es casi del tamaño de un continente.
Pero no es necesario ir hasta el mar para ver su impacto. Las bolsas de plástico tienen una vida útil de cerca de 25 minutos, pero su degradación puede tardar cinco siglos. Al desecharse aterrizan, por lo general, en la basura de cientos de hogares y, de ahí, en los rellenos sanitarios de las principales ciudades. También acaban taponando alcantarillados, causan inundaciones o caen a algún río. O llegan cerca de un arrecife, donde las tortugas las confunden con medusas y las tragan para morir infectadas.
Un impacto que conocen muy bien en California (Estados Unidos), donde se acabó de firmar una ley que prohíbe su uso.
Este es el primer estado de ese país en aplicar esta medida, que entrará en rigor el primero de julio del 2015 para supermercados y farmacias, y al cabo de un año en tiendas y licorerías. Todos esos negocios estarán autorizados para cobrar 10 centavos de dólar por el uso de bolsas de papel o reutilizables.
“Esta ley es un paso hacia la buena dirección: reducirá la enorme cantidad de plástico que contamina nuestras playas, nuestros parques”, dijo a medios internacionales el gobernador demócrata Jerry Brown.
Brown tiene razón al preocuparse, porque ni siquiera el plástico biodegradable es garantía de sanidad. “El mensaje de biodegradabilidad es erróneo. Si se usa el plástico oxo-biodegradable, este se fragmenta y se queda en el medioambiente, mínimo sesenta años. Hay otra clase de plástico, también ‘biodegradable’, que solo se puede descomponer en condiciones industriales, dice la organización no gubernamental Surfrider, que ha denunciado por años esta amenaza.
Pero así el plástico pudiera degradarse, el proceso no es absoluto. Se sabe que quedarán de él miles de pedazos microscópicos que son ingeridos por un 38 por ciento de las especies de aves y por el 26 por ciento de los mamíferos marinos. Y también por el hombre, cuando come peces que han vivido cerca de playas sin saneamiento.
“El 35 por ciento de los peces que consumimos tienen una media de una o dos piezas de plástico en sus estómagos”, explica un estudio dirigido por el científico Mike Moore, del Instituto de Investigación Marina Algalita, con sede en California, y al que EL TIEMPO tuvo acceso cuando fue publicado en junio de este año.
“Las sopas de plástico, terrenales y marinas, pequeñas o grandes, son tan peligrosas como el cambio climático; están matando más animales que ese fenómeno”, asegura Moore en ese documento.
Esto también lo entienden en otros lugares del mundo, incluido Colombia, donde se han disputado batallas en esta guerra en la que está de por medio una polución poco visible, pero muy robusta.
Bangladés restringió el uso de bolsas, por primera vez, en el 2009. Y en casi 20 países de África se prohibió la venta de estas, como en Ruanda, Uganda, Gabón o Kenia. Se han sumado a esto Etiopía, Ghana, Togo, Congo, Eritrea y también Mali y Mauritania, donde un estudio descubrió restos de plástico en el 80 por ciento de los estómagos de las vacas.
En un tono más combativo, Bundanoon, una pequeña población en el estado de Nueva Gales (Australia), fue el primer lugar del mundo en prohibir la venta de agua en botellas de plástico.
Pero tal vez el mayor empeño lo ha expuesto la Unión Europea, donde se consumen unas 800.000 toneladas de bolsas al año. La Comisión Europea ordenó a los países de la unión buscar su disminución en 50 por ciento hasta el 2017, y en un 80 por ciento hasta 2019.
Esfuerzos nacionales se concentran en Puerto Nariño (Amazonas), un pequeño poblado que se levanta al lado del río más caudaloso del mundo, donde su alcalde, Alirio de Jesús Vásquez, está a punto de firmar un decreto que prohíbe el uso no solo de las bolsas, sino de los envases hechos en poliestireno expandido, mejor conocido como icopor. Y Bogotá creó en el 2011 el programa de racionalización, reutilización y reciclaje de bolsas de polietileno o polipropileno.
En el mundo, el consumo anual de bolsas plásticas es de un billón, según estimaciones de la organización ecológica alemana Deutsche Umwelthilfe (DU), y solo un diez por ciento de estas se recicla. Por eso, como dice el gobernador Brown de California, queda demostrado que estos esfuerzos por restringirlas y frenar la destrucción planetaria “son los primeros, pero nunca serán los últimos”.
Más leyes
San Francisco y México
En 2016 en San Francisco, California, entrará en vigencia una ley que prohíbe la venta de agua de botella en eventos públicos como conciertos, maratones y movilizaciones. Y en México D. F. no se permite el suministro gratis de bolsas de plástico que no son biodegradables.
FUENTE:http://www.eltiempo.com/