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    Hemos descrito algunos comportamientos de nuestros paisanos que causan daño al entorno natural, y en particular, denunciado a aquellos conductores que calificamos de perezosos por cuanto no son capaces de aguantar botar la basura y los desperdicios que producen hasta encontrar un recipiente adecuado.
    También hemos descrito comportamientos que generan desorden, suciedad, ruido, mayores concentraciones de gases en algunos lugares específicos de las principales ciudades del Huila y hemos abogado porque los peatones dejen de echar basuras a calles, bermas, parques y carreteras. Pero aún son muchos los que eso hacen en detrimento de todos y de sí mismos.
    Es muy extraño encontrar conductores que eviten y repriman a sus acompañantes cuando botan basura a nuestro medio ambiente.
    No porque lo diga la Ley, por cierto prolija en ello, todos somos responsables y tenemos el deber de velar por la conservación y recuperación del medio natural que nos rodea. Un deber ético y moral; frente a los demás y a toda la sociedad, pues del entorno se obtienen todos los recursos necesarios para una vida humana digna. Y también un deber económico,  porque no sólo con la transformación de los recursos naturales logramos progreso y alcanzamos los niveles de vida deseados, sino que un malgasto de ellos conducen a su vez al aumento del dinero privado o público destinado a mejorar las condiciones de salubridad, elevan los costos de explotar los escasos recursos que restan y a disminuir las expectativas de vida futura.
    Ah, ¿que al señor taxista no le importa botar un papel a la calle, que al pasajero de una buseta tampoco botar papel de aluminio a los prados o que al conductor del colectivo no le afecta el ruido que causa su vehículo y el pito al cual se pega? Claro, pareciera que no les importa que nos incrementen las tarifas de recolección y barrido de calles; que no les afecta que la basura se amontone causando suciedad y produzca lixiviados que contaminen las pocas aguas subterráneas que aún quedan o que se afea la ciudad y que merman los turistas y los ingresos.
    Finalmente, ¿qué le va importar al conductor del vehículo el ruido si ya no oye?
    No sólo somos inconscientes, somos ignorantes ante nuestra propia destrucción y ruina. ¿Por qué culpamos entonces a los demás de lo que nos pasa?
    Ojala reflexionemos un poco. Ojalá tomemos conciencia de la responsabilidad y deberes ciudadanos; los nuestros. En adelante no sólo conduzcamos, sino conduzcamos como ciudadanos responsables con la sociedad; ésa que tanto anhelamos limpia, descontaminada, desarrollada y sana.
    FUENTE:http://diariodelhuila.com/